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La ética en el periodismo

En palabras de Gabriel García Márquez: “La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”. Es una cualidad indispensable para la realización de una labor informativa garante, “ética y calidad periodística son gemelos, nacidos en la misma cuna” (Mandelevich: 2005).

Debido a la importancia que tiene la ética para la profesión, se han puesto en marcha todo tipo de códigos deontológicos: Algunos a nivel supranacional, como el de la UNESCO; otros adoptados por un Estado o por subconjuntos de éste (como puede ser una comunidad autónoma); y aquellos elaborados por el propio medio de comunicación.

Si bien, no dejan de ser más que una guía de comportamiento. Su incumplimiento apenas tiene consecuencias para los grandes conglomerados. La responsabilidad recae sobre los periodistas, indefensos ante las presiones económicas y políticas, a los que poco parece protegerles los diversos códigos deontológicos existentes.

El Código Internacional de Ética Periodística (UNESCO) está formado por 10 puntos, poco más que papel mojado. Si realizamos un seguimiento de los medios, se observa su violación continuada, seguida, en la mayoría de casos, por una ausencia total de consecuencias (si no se tiene en cuenta la perdida paulatina de credibilidad de los ciudadanos hacia los medios). Pongamos de ejemplo a España:

1º El derecho del pueblo a una información verídica. El 15 de agosto de 2012, día de la Paloma, coincidió con una serie de protestas que los bomberos de la Comunidad de Madrid estaban realizando contra Ana botella. Al día siguiente, mientras todos los medios explicaban como los asistentes increparon a la alcaldesa de Madrid, Telemadrid afirmó que era a los bomberos a quienes amonestó el público. María López, presentadora del programa Telenoticias-3 emitido por dicha cadena autonómica afirmaba durante la emisión del 16 de agosto: “Mal momento han elegido estos bomberos para hacer reivindicaciones laborales”.

2º Adhesión del periodista a la realidad objetiva. El 27 de agosto de 2011, el diario El Mundo, acompañando a una noticia sobre una manifestación abertzale, publica la foto de una pancarta en la que se lee: “ETA”. El texto de la pancarta era el siguiente: “Inposaketarik ez. Nazioa gara” (No a las imposiciones. Somos una nación). El director del diario, Pedro J. Ramírez, no sólo no criticó esta mala práctica sino que su opinión el periodista hace un buen trabajo al amoldar la realidad a la visión que de ésta tiene la publicación. Para el director de El Mundo, “la foto es de Pulitzer”.

3º La responsabilidad social del periodista. La responsabilidad social cae en manos del periodista que tiene que hacer frente a los presiones empresariales y políticos, en pro de una información veraz. Algo cada vez más difícil si se tiene en cuenta la precariedad laboral en la que se mueve un trabajador de la información.

4º La integridad profesional del periodista. No es extraño la aceptación de regalos por parte de periodistas, o la existencia de incompatibilidad de cargos en altos directivos del sector de la información. En diciembre de 2013, UGT denunció que el director de Medios Interactivos de RTVE, Francisco José Asensi Viana, había incurrido en la incompatibilidad en el desempeño de su cargo (al tiempo que era consejero de Nottingham Forest dicha empresa privada había recibido contratos por parte de RTVE).

5º Acceso y participación del público. Se puede ver como en algunos casos el acceso y participación del público no es para los medios más que una herramienta para sus propios intereses. Por ejemplo, las numerosas encuestas de La Razón sobre ETA y los grupos independentistas vascos, que acompañan a la información que se ofrece y no parecen tener otro fin que el de la reafirmación de su polarizada línea editorial.

6º Respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre. Si echamos la vista atrás, recordaremos el vídeo sexual protagonizado por del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez (una clara intromisión a la intimidad que si tuvo consecuencias legales para los responsables de realizar la grabación y de su difusión). Pero también tenemos casos más recientes, como el trato que la mujer de Santiago del Valle (imputado por asesinato en el caso Mari Luz) tuvo por parte del programa de Ana Rosa Quintana.

7º Respeto del interés público. Se puede decir que hay un cierto cumplimiento, puesto que como dictamina este punto, “las normas profesionales del periodista prescriben el respeto total de la comunidad nacional, de sus instituciones democráticas y de la moral pública”. Otra cosa bien distinta sería lo que se hiciese con esas normas.

8º Respeto de los valores universales y la diversidad de culturas. Si nos fijamos en RTVE, podemos apreciar como en su parrilla radiofónica, en el fin de semana, se emiten dos programas dirigidos a las religiones. uno el sábado, dedicado a la católica; y otro el domingo, donde el espacio se divide en tres religiones distintas (evangelismo, judaísmo e islamismo). Lo más grave no es la falta de equidad en cuanto al reparto de tiempo (podría llegar a justificarse en que, por ser los medios representativos de la sociedad, aquellas ideas más compartidas tienen una mayor presencia) sino la falta total de profesionalidad a la hora de tratar el tema. No se dan datos informativos o interpretativos y no se busca la imparcialidad; sino que, por ejemplo, en el caso de Frontera se invita a la audiencia a “abordar los retos contemporáneos en los ámbitos social, económico, político, cultural o científico, desde los planteamientos del humanismo cristiano”.

9º La eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada. Más de una vez los medios de comunicación han apoyado acciones bélicas por los beneficiosos que su apoyo a ciertas acciones puedan remunerarles.

10º Promoción de un nuevo mundo de la información y la comunicación. Cuesta mucho creer que esos mismos que se benefician de estar en posesión de la hegemonía sobre el flujo informativo (por ejemplo, El País en la defensa de sus intereses en Venezuela, es mucho más benévolo con Capriles de lo que lo es con Chávez –del cual da una imagen muy negativa–) impulsen un nuevo modelo de información y comunicación más democrático.

Adela Cortina asevera que “pensar con seriedad y deliberar sobre una ética de los medios de comunicación es una de las tareas más importantes, y también más urgentes, en una sociedad que quiera serlo de ciudadanos, y no de siervos”, mas parece insuficiente.

Gran cantidad de estudios hacen referencia a la necesidad de una vuelta a la naturaleza social de los medios, pero ninguno alude a la necesidad paralela de una socialización del sistema económico para que esto puedo llevarse a cabo, puesto que ha sido la naturaleza económica de los medios la que prácticamente ha aniquilado a su naturaleza social. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que, muchos de estos documentos, están financiados por las mismas empresas a las que no les interesa nada que se ahonde en el tema.

Teniendo en cuenta que la naturaleza económica de los medios de comunicación se rige por las mismas normas que las del mercado capitalista. Cuesta trabajo imaginarse un sistema mediático que busque el equilibrio entre sus dos naturalezas, cuando el sistema de mercado por el que se rigen las empresas informativas tiene una única naturaleza, la económica. Como indica Kalle Lasn en Sabotaje cultural: Manual de uso, no podemos demonizarlas por “su búsqueda inquebrantable del crecimiento, el poder y la riqueza”, puesto que es para lo que han sido diseñadas. La ineficacia de los códigos deontológicos como reguladores éticos ha quedado más que patente, “intentar rehabilitar a la empresa, instándola a comportarse de forma responsable, es un juego para tontos. La única forma de cambiar el comportamiento de las empresas es recodificándolas, reescribiendo sus estatutos, reprogramándolas”.

Si se estudia el caso de España, los periodistas disponen de códigos deontológicos, códigos de conducta internos y se muestran claramente favorables a su urgente aplicación. No obstante, cuando se ha planteado en el país la aprobación de un estatuto del periodista o la constitución de un consejo de la información o del audiovisual, que velaran por el adecuado ejercicio de la profesión de acuerdo con el respeto de los derechos y libertades, surgen voces en contra que alegan el peligro que supondría para el derecho a la información y la libertad de expresión, siendo una forma encubierta de censura y control. Pero ante las constantes limitaciones a la libertad de expresión ejercidas por las empresas o por el Estado, por razones ideológicas o económicas, apenas se oye un susurro (por lo menos proveniente de los medios tradicionales, es la propia sociedad civil la que ha de buscarse una plataforma desde la que poder enviar su mensaje). Prueba de cómo son los intereses económicos y políticos los que mueven las determinadas posturas que toman los medios de comunicación.

Sí, de cara a la galería, los medios elaboran unos códigos de conducta deontológicos que supuestamente tienen que seguir todos sus empleados. Pero, cuando de lo que se habla es de beneficios económicos, reducen las redacciones (lo que multiplica el trabajo de los que se quedan y considera una disminución del tiempo para la elaboración de la noticia que, junto a la necesidad de inmediatez que se demanda, lleva a la falta de tiempo o recursos para contrastar las informaciones) cierran corresponsalías y recortan en salarios (que  a la precarización del trabajador, a la depreciación de su labor y a devaluar el periodismo). Algo parecido ocurre con los gobiernos de los distintos Estados occidentales que, mientras proclaman su amor a la democracia y a la transparencia, negocian en secreto con las empresas tratados internacionales que van en detrimento de las libertades individuales y del estado de bienestar (como el Tratado Transatlántico) sin apenas repercusión en los medios.

Bibliografía

  • GARCÍA AVILÉS, J. A.; GONZÁLEZ ESTEBAN, J. L.; KALTENBRUNNER, A; KARMASIN, M (2011). “La autorregulación profesional ante los nuevos retos periodísticos: estudio comparativo europeo”, en Revista Latina de Comunicación Social, 66. Disponible en: http://www.revistalatinacs.org/11/art/940_Elche/19_Esteban.html [Última consulta: enero 2014].
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